como-se-comia-en-mexico
Enriqueta Quiroz
Instituto Mora
Revista BiCentenario 9

Resulta difícil de creer, a la fecha, que durante la Colonia, la dieta de todos los capitalinos estuviera centrada en las carnes de matadero –como el carnero, la res y el cerdo–, el maíz, el trigo y el pulque, bebida diaria y popular por excelencia. Y también que había muchas diferencias sociales en la forma de comer y preparar las comidas, en cuantía, variedad y combinación de platillos. Sin embargo, luego de los años de la insurgencia, se advirtió una baja en la cantidad de alimentos consumidos por la mayoría de la gente, pero sobre todo en las raciones habituales de los jornaleros y, en particular, en las de carne.
Se sabe que el consumo de alimentos entre los estratos altos era muy exclusivo y una forma de exhibir abundancia, lujo y riqueza. Los españoles al servicio del rey gozaban del privilegio de saborear varios tipos de carne en una sola comida así como de probar un sinfín de panes o bizcochos cada día. Y todo de gran calidad, bien sazonado con especies y condimentos, acompañado por hortalizas y frutas y degustado con las bebidas preferidas.
Llama poderosamente la atención la gran diversidad de carnes que se consumían. Era bastante normal, por ejemplo, que en las comidas ofrecidas por las autoridades del Cabildo se sirvieran tres carneros, dos pechos de vacas, tuétanos de vaca, lomo de puerco, jamón, dos gallinas, lenguas y pies de puerco, 32 pollos, cuatro docenas de pichones y diez pavos, además de una arroba de pescado fresco.
Desde luego, la variedad se incrementaba mucho más si se trataba de banquetes para recibir a los virreyes o conmemorativos, como indican muchos documentos existentes en el Archivo General de la Nación. En ellos se hallan los cálculos para los gastos de mesas de hasta 60 cubiertos; era tal la abundancia de carnes rojas que se llegaban a preparar tres terneras, una vaca, cuatro cochinitos de leche y hasta 16 carneros. Sobraban las carnes blancas –pavos, gallinas, pollos– y los animales de caza –codornices, perdices, conejos, liebres–, además de cabritos, piezas frías –pies y cabezas de puerco, jamón, salchichas y tocino– y, como si algo faltara, había pescado blanco, bagre, truchas y bacalao de España.
Las especias más usadas en la mesa virreinal eran la canela, el clavo, la nuez moscada, la pimienta, el “chile y especies ordinarias”, junto con el ajo, el perejil y la hierbabuena. Otros ingredientes para cocinar y aderezar eran el vinagre y el aceite de Castilla, los encurtidos de España, las mantequillas, la manteca, los quesos, el requesón, las pasas, las aceitunas sevillanas, las alcaparras y azúcar blanca. Había macarrones y fideos, arroz y cantidades muy pequeñas de garbanzos y frijoles.
Se disponían asimismo manojos de espárragos, docenas de alcachofas y una pluralidad de hortalizas: coles, repollos, nabos, cebollas, espinacas, zanahorias, betabeles, apio, puerros, berenjenas, coliflor, calabazas, pepinos, cardos y otras verduras. En los banquetes virreinales, los postres aparecían al llegar la noche, junto con la repostería…
28 ago 2010, View Comments

Correo del lector #9

Autor: Ana
Retrato de Hidalgo

CARTAS

El bicentenario debería celebrarse en el 2021. La independencia de México no se logró sino hasta septiembre de 1821, antes de eso el territorio seguía siendo Nueva España.~ Alberto Andrés, via Facebook

Estimado Alberto Andrés:

Gracias por su comentario. Nosotros celebramos el 2010 en el entendido de que, en efecto, el fin del movimiento de Independencia fue 1821, pero que éste se inició, en tanto que proceso de lucha contra el “mal gobierno”, en 1810.

Leer Desde mi sótano de Manuel Olimón me transmitió la reacción de quien siente qué leyes impuestas por el gobierno en turno amenazan sus convicciones más íntimas y está dispuesto a dar la vida para defender su legítima libertad.

Me parece que el autor deja en claro que, por debajo del gran “edificio histórico” que forman las decisiones políticas, las frías cifras estadísticas o los escuetos resultados bélicos, se ocultan entrañables experiencias humanas individuales, las que más nos conmueven, que sustentan el devenir y un historiador sensible nos supo comunicar desde el “sótano de la historia”.

~ Ilse Escobar de Salas, San Pedro de los Pinos

CONSULTAS

Ahora que nos disponemos para la gran fiesta de este 16 de septiembre, me pregunto cuándo se celebró por primera vez.
~ Fiestera

Fue en 1812, cuando Ignacio López Rayón, presidente de la Suprema Junta Gubernativa declara, en Huichapan (hoy Hidalgo), que el 16 de septiembre de 1810 debía ser un día “indeleble en la memoria de todo buen ciudadano”, pues entonces se dio en Dolores “un grito repentino de libertad…”

POR AMOR A LA HISTORIA

Luis Valdez, hoy considerado el padre del teatro chicano,

se inspira en tres fuentes del pasado para su obra teatral
y cinematográfica: la historia de California –dónde nació

en 1940–, la tradición y la espiritualidad mexicanas así

como la mitología y los rituales mayas y aztecas. Hijo de
una familia de inmigrantes, Valdez trabajó la tierra desde

los seis años. Sin embargo, se las arregló para estudiar y é

ste fue el comienzo de la

insurrección que, si algo puede

enseñarnos, es a no desconfiar
de la fuerza del pueblo, porque
precisamente fueron sus autores
los que generalmente son los
más “débiles”.
barco-9

BiCentenario #9

EL AYER Y HOY DE MÉXICO


SUMARIO

Editorial
Correo del lector

ARTÍCULOS

  • ENRIQUETA QUIROZ ~ De cómo se comía en la Ciudad de México hacia 1800
  • ATZIN JULIETA PÉREZ MONROY ~ Modas y censura en la época de la Independencia
  • RODRIGO MÉNDEZ ~ ¡Manos arriba! El bandolerismo durante la guerra de Independencia
  • EDER ANTONIO DE JESÚS GALLEGOS RUIZ ~ ¡Hacer cañones para la libertad! Artillería artesanal en los albores de la Independencia
  • DIEGO PULIDO ESTEVA ~ Los presos y el Centenario
  • MARÍA ESTHER PÉREZ SALAS ~ Los arcos triunfales en las fiestas del Centenario
  • GUILLERMO BRENES TENCIO ~ México, 6 de octubre de 1910: la ceremonia de la Apoteosis
  • EULALIA RIBERA CARBÓ ~ Orizaba y las fiestas del Centenario
  • DESDE HOY

  • LAURA SUÁREZ DE LA TORRE  ~ ¿Conmemorar los 200 años?
  • DESDE AYER

  • La batalla de Aculco: crónicas opuestas de un médico y un militar
  • Recuerdos del Centenario / 74
  • CUENTO

  • ANA SUÁREZ ~ Responda, niño Lucas, responda
  • ARTE

  • ANA BURIANO C. ~ Un ángel para la nación
  • TESTIMONIO

  • Epigmenio González: Querétaro, los primeros días… ~ Ana Rosa Suárez Argüello (edición)
26 ago 2010, View Comments

Editorial del número 9

Autor: Ana
puerto-9
María del Carmen Collado
Instituto Mora

Presentamos un número especial dedicado a la conmemoración de la Independencia. No se trata de celebrar sin más los acontecimientos y los héroes, sino de recordar lo sucedido de manera crítica, de conocer de qué manera los grandes episodios de la historia alteraron la vida de todos los mexicanos. Queremos acercarnos a la historia de un país dividido entre realistas e insurgentes, nacientes ciudadanos criollos y mestizos y grupos indígenas segregados, entre unos cuantos acaudalados y una ingente cantidad de pobres,
una desigualdad tan grande que sorprendió a Alejandro de Humboldt cuando visitó la Nueva España en 1803.
Abordamos aquí la historia de la vida cotidiana, la guerra, las celebraciones, los símbolos construidos para recrear a la patria, los testimonios de la gente común sobre la gesta insurgente. Se trata de una exploración sobre temas novedosos, alejados de los estereotipos de la historia. Dos artículos se refieren a la transición entre el régimen colonial y el independiente. Uno aborda el tema de la censura a la indumentaria y el peinado a la francesa y otro nos habla de lo que comían los diferentes grupos sociales en las postrimerías del virreinato, de cómo la guerra insurgente trastocó los hábitos alimenticios de los capitalinos.


Otros dos artículos más nos hablan de procesos derivados de la guerra de Independencia: la construcción de armas y el auge del bandolerismo. En el primero se da cuenta de las dificultades encaradas por los caudillos insurgentes para hacerse de cañones, municiones y explosivos y de cómo se las ingeniaron para erigir maestranzas, conquistando técnicas celosamente guardadas por las autoridades españolas. El segundo analiza cómo, a la par que se libraban las batallas por la Independencia, aumentó el bandolerismo.
Tenemos cinco textos sobre la forma en que se celebró la Independencia en 1910. En uno, la autora nos habla de los arcos triunfales, esas construcciones efímeras, hoy en desuso, que se instalaban en ocasión de las ceremonias y recepciones a nuevos gobernantes. Dos escritos se centran en las fiestas porfirianas de 1910. Uno describe la festividad de la apoteosis, en la que se construyó un catafalco para depositar las cenizas de los héroes de la Independencia en Palacio Nacional. Otro nos refiere a las fiestas del Centenario
en Orizaba (asiento de las industrias textil y cervecera mexicanas, las más desarrolladas de la época). Un cuarto artículo nos cuenta cómo una festividad tan impulsada por Porfirio Díaz fue utilizada por los presos comunes y el grupo rebelde magonista para pedir al anciano dictador la condonación de las penas carcelarias. Cierra este conjunto el análisis de un emblemático monumento, la Columna de la Independencia, “el Ángel”, que en realidad es una victoria alada, la diosa que personifica el triunfo en la mitología romana. Como remate, no podían faltar imágenes sobre los cientos de recuerdos que se produjeron a propósito de las galas organizadas por Díaz. En la sección Desde hoy se reflexiona sobre las conmemoraciones del Bicentenario y se nos invita a repensar en el significado de nuestra Independencia. Por su parte, Desde ayer nos presenta dos visiones contrastantes sobre la batalla de Aculco, una de un insurgente, antiguo empleado de Ignacio Allende, y otra de un notable médico capitalino, favorable a la causa realista. El cuento imagina los recuerdos de un polémico hombre público del siglo XIX, en tanto que cierra este número el testimonio de Epigmenio González, un casi desconocido participante de la conjura de Querétaro en 1810.
Ponemos a su consideración esta edición de BiCentenario, una mirada plural que reúne distintas formas de rememorar los acontecimientos, alejadas de la historia de bronce, de esa historia oficial que construye biografías de los “grandes hombres” a la medida de sus proyectos políticos.

Porfirio Díaz Mori

Los invitamos atentamente a que conozcan nuestro nuevo canal de videos, donde estaremos subiendo y compartiendo información excepcional, por lo que también los invitamos a colaborar mandando sugerencias.

El canal está en: http://www.youtube.com/user/revistabicentenario

	 
blah
Thomas Alva Edison
Porfirio Díaz Mori

Porfirio Díaz Mori

A continuación, los invitamos a disfrutar de una grabación donde el Presidente mexicano Porfirio Díaz Mori agradece a Thomas Alva Edison sus aportes a la historia de la raza humana.

Thomas Alva Edison

Thomas Alva Edison

Mensaje del Presidente Díaz a Edison

Este mensaje nos da la maravillosa oportunidad de conocer la voz de Díaz en una carta que dirige y lee a Edison, en la cual le recuerda cuando se conocieron y, haciéndose llamar su amigo “que estrecha su mano”, el Presidente Díaz agradece sus inventos y aportes a la humanidad.

10 ago 2010, View Comments

Librerías en México, DF

Autor: Ana

La Revista BiCentenario se encuentra a la venta en las siguientes librerías en la Ciudad de México:

Librerías EDUCAL

AEROPUERTO INTERNACIONAL DE LA CD. DE MÉXICO

Av. Capitán Piloto Aviador núm. A-137 Sala C, Col, Peñón de los Baños, C.P. 15520 Venustiano Carranza  / 5802-8434, 5785-4944 / aeropuerto@educal.com.mx

AEROPUERTO TERMINAL II

Av. Carlos León González esq. Fuerza Aérea y Alberto Santos Dumont, local TS-33 al 35, C.P. 15620 Venustiano Carranza, Interior de la Terminal 2 del AICM / 2598-3500
/ aeropuertot2@educal.com.mx

BIBLIOTECA VASCONCELOS

Eje 1 Norte, Esquina Aldama. Col. Buenavista. C.P. 06350 Cuauhtémoc / 9157-2800, Ext. 4044 / vasconcelos@educal.com.mx

CASA DE LA LECTURA CONDESA

Nuevo León 91, col Condesa C.P.06140, Cuauhtémoc / Tel. 5256-2591 / condesa@educal.com.mx

CENTRO CULTURAL DEL BOSQUE

Campo Marte y Paseo de la Reforma s/n Col. Chapultepec Polanco, C.P. 11560 Miguel Hidalgo / 5280-1333 / del_bosque@educal.com.mx

CENTRO DE LA IMAGEN

Plaza de la Ciudadela 2. Col. Centro; C.P. 06040, Cuauhtémoc / 5709-0659 y 5709-1510,ext.124 / centro_imagen@educal.com.mx

CENTRO HISTÓRICO

República de Argentina 14 Col. Centro, C.P. 06060 Cuauthémoc / 5702-8077 5702-8988 / centro_historico@educal.com.mx

CENTRO NACIONAL DE LAS ARTES

Calzada de Tlalpan Esquina Río Churubusco Col. Country Club, C.P. 04020 Coyoacán / 4155-0042, 4155-0000, ext.1205 / cnart@educal.com.mx

CEYLÁN

Av. Ceylán 450, Col. Euzkadi, C.P.02660, Azcapotzalco / 5356-1819 y  5354-4017 / ceylan@educal.com.mx

CINETECA NACIONAL

Av. México Coyoacán 389, Col. Xoco, C.P. 03330 Coyoacán / 5605-0188 / cineteca@educal.com.mx

CIUDADELA

Tolsá 4 (Interior de la Biblioteca México) Col. Centro; C.P. 06040 Del. Cuauhtémoc / 5709-6660 / ciudadela@educal.com.mx

REFORMA

Paseo de la Reforma 175 esq. Río Támesis. Col. Cuauhtémoc, C.P. 06500. Del. Cuauhtémoc / 5546-7178 / reforma@educal.com.mx

DEL VALLE

José Ma. Rico 221, Col. Del Valle C.P. 03100. Del. Benito Juárez, Entrada por Moras, puerta 2 / 5524-9392 / del_valle@educal.com.mx

IZTAPALAPA

Francisco Villa Mz. 54  Lt.1 Entre Filomeno Mata y Plan de San Luís Col. Ejidos de Sta. Ma. Aztahuacan Del. Iztapalapa, C.P. 09500 / 5693-1041 / iztapalapa@educal.com.mx

MUSEO DE ARTE MODERNO

Paseo de la Reforma y Gandhi s/n Bosque de Chapultepec C.P.11560, Del. Miguel Hidalgo
/ 5211-4463 /  artemod_libreria@educal.com.mx

MUSEO DEL CARMEN

Av. Revolución Esq. Monasterio. Col. San Ángel, C.P. 01000
Del. Álvaro Obregón / 5616-1620 / delcarmen@educal.com.mx

MUSEO MURAL DIEGO RIVERA

Balderas y Colón s/n Col. Centro, C.P.06050, Del. Cuauhtémoc / 5518-1365 / diegorivera@educal.com.mx

MUSEO NACIONAL  DE CULTURAS POPULARES

Av. Hidalgo núm. 289 Col. del Carmen Coyoacán,  C.P. 04100 Del. Coyoacán / 5658-9764 / cult_populares@educal.com.mx

MUSEO NACIONAL DE SAN CARLOS

Puente de Alvarado núm. 50. Col. Tabacalera, C.P. 06030 Del. Cuauhtémoc / 5591-0184
/ sancarlos@educal.com.mx

PALACIO DE BELLAS ARTES ~ LIBRERÍA

Av. Hidalgo y Eje Lázaro Cárdenas Col. Centro, C.P. 06050 Del. Cuauthémoc / 5521-9760 y 5512-2593 ext.131 / bellas_artes@educal.com

PALACIO DE BELLAS ARTES ~ TIENDA

Interior  del Palacio de Bellas Artes Av. Hidalgo y eje Lázaro Cárdenas / 5521-9507 / tienda_bartes@educal.com.mx

PALACIO LEGISLATIVO

H. Congreso de la Unión s/n. Col. El Parque, C.P. 15960, Del. Venustiano Carranza / 5542-4315, 5628-1300, ext. 7105 / palacio_legis@educal.com.mx

PASAJE ZÓCALO-PINO SUÁREZ

Pasaje Zócalo Pino Suárez local núm. 5. Col. Centro; C.P. 06040 Del. Cuauhtémoc /
5522-3456 / metro@educal.com.mx

UNIVERSUM MUSEO DE LAS CIENCIAS

Av. Imán  núm. 7, Col. Zona Cultural de Ciudad Universitaria Edificio  ”C”, C.P.  04510
Del. Coyoacán / 5665-4615 / universum@educal.com.mx

VENUSTIANO CARRANZA

Calz. de la Viga, Esq. Calz. Guillermo Prieto Interior Deportivo Pino Suárez Col. Jamaica. C.P.  15800 Del. Venustiano Carranza / 5741-4384 / venustiano@educal.com.mx

Puente de Plata

Humberto Matali Hernández

Bicentenario del Instituto Mora

El Sol de México

24 de mayo de 2010
México ha sido siempre fuente de inspiración para intelectuales, artistas y viajeros extranjeros.

Con el pretexto del Bicentenario del inicio de la lucha de Independencia y el Centenario del inicio de la Revolución de 1910, se preparan festejos y faramallas bajo los dictados (de dictador) del historiador neoliberal y moderno José Manuel Villalpando, empeñado en ser el impulsor de la neohistoria nacional, para reinterpretar la Historia de México.

Por fortuna, ante tales barbaries mal copiadas a la novela “1984″ de George Orwell, existen instituciones formales, como el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, que de entrada, amén de otros proyectos, crea y publica la revista trimestral BiCentenario. El Ayer y Hoy de México. 1810-1910-2010. Son ya ocho números de esta asombrosa revista en donde, a base de artículos y literatura, nos recuerda los instantes, los actos y hazañas de los hombres y mujeres que actuaron, guiaron y sufrieron los dos movimientos festejados en este año.

Los temas son tratados con una seriedad carente en el coordinador ejecutivo nacional para las Conmemoraciones de 2010, José Manuel Villalpando (entre mayor es el título, menor es la consistencia,) que lleva los afanes de neohistoriador al proyecto de pasear por la Ciudad de México los restos de los Insurgentes, depositados en la Columna de la Diosa Niké (Ángel de la Independencia en el decir popular), para llevaros al Palacio Nacional, que según la voz presidencial transformarán el histórico edificio en un museo. Quizá don Felipe de Jesús no conoce el Recinto al presidente Benito Juárez, ni los murales de Diego Rivera, exposiciones muy visitadas por nacionales y extranjeros. Por lo tanto museos vivos. Lo mejor es dejarlos en la Columna de la Independencia, en donde los depositaron en el Porfiriato, durante las fiestas del Centenario de 1910. Otra torpeza es someterlos a estudios de ADN, seguro hay descendientes para cotejarlos y que caso tiene esa confirmación, olvidan que es un símbolo, no una muestra. No creo que ni en España encuentren genes de Javier Mina o de Guadalupe Victoria.
El número ocho BiCentenario. El Ayer y el Hoy de México lleva a los lectores a la poesía y guerra en Querétaro entre los años 1808 y 1810, en un artículo de José Martín Hurtado, con ello a las contradicciones de apoyar a Fernando VII, derrocado por Napoleón y al mismo tiempo de los grupos que pretendían la Independencia mexicana del reino español. A los primeros se unió Hidalgo y otros conspiradores.

Asombra un cuento de Arturo Sigüenza sobre la inauguración del manicomio de La Castañeda, en donde la magia literaria nos muestra las fugas y juegos mentales de los locos ante la corte de Porfirio Díaz, su gabinete y notables que acuden a la celebración. Esa casa de la locura fue una de las muchas inauguraciones de las fiestas del Centenario de 1910. El bombo y platillo que anunció el derrumbe de un régimen dictatorial con el arranque, un mes y días después de la lucha de la Revolución, el tercer movimiento independentista, el otro es la gesta del juarismo y la lucha en contra del efímero reino del imperio francés de Maximiliano.

Dos temas abordados en este ejemplar, el primero por Josefina Moguel Flores en el artículo “Almazán y el corazón de Aquiles Serdán. La fuerza de un símbolo” y el imperio de Maximiliano en un hermoso y asombroso reportaje, narración e investigación biográfica por Cecilia Alfaro Gómez en “La historia de Pepita Aguilar, una dama de Palacio”, en donde se exhibe la soberbia y abusiva estulticia de la emperatriz Carlota, para ofender y maltratar a las damas de la corte a su servicio.

Muy recomendable es el trabajo de Carlos Domínguez, investigador del Instituto Mora, sobre el perenne problema del agua para los habitantes del Valle de México, desde las tribus náhuatlecas y los mexicas con la Gran Tenochtitlán, luego la Nueva España y la Ciudad de México, hasta llegar al Distrito Federal en el siglo XXI. Cuando no es en exceso, es la escasez del agua, en lo que fue una cuenca lacustre ahora es una ciudad contaminada, sin agua, que se inunda y desperdicia el líquido.

Y sobre hace unas décadas, Leonides Afendufulis entrega una crónica sobre el concierto en el antiguo Auditorio Nacional en noviembre de 1975 del grupo Chicago y su mezcla de rock y música disco, inicio del concepto plástico musical que deriva en la decadencia actual.

La coordinadora editorial de BiCentenario. El Ayer y el Hoy de México es la historiadora Ana Rosa Suárez Arguello. Esta revista se consigue en la Fundación Luis Mora y en librerías de prestigio. Es, sin duda, una de las mejores publicaciones sobre las fiestas del Bicentenario, en contraste de la superficialidad de caricaturizar a los héroes independentistas y revolucionarios ante los estudiantes de primaria y secundaría.

Para ver el artículo original: http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/s143.htm

4 may 2010, View Comments

ESTRENO DE RESIDENCIA

Autor: Ana
Arturo Sigüenza
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Revista BiCentenario #8

La inauguración de La Castañeda el 1o de septiembre de 1910, INAH

La inauguración de La Castañeda el 1o de septiembre de 1910, INAH

La esplendente construcción albergaba ya a sus nuevos huéspedes, y se otor­gaba un festín para recibir al distin­guido séquito que encabezaba el presidente de la república, formado por embajadores y cónsu­les, destacados empresarios y alta burguesía. La banda de música de viento, perfectamente uni­formada, complacía a los invitados allí reunidos para conmemorar la inauguración de aquella arquitectura de corte francés, como una muestra de la abundancia económica que seguía prego­nando el gobierno a pesar de la inconformidad política interna y el creciente descontento entre la plebe. El ingeniero encargado de la obra, hijo del primer mandatario y con el mismo nombre de pila, buscaba su mejor ángulo ante los fotógra­fos que se abrían paso entre los opulentos vestidos de las mujeres emperifolladas ávidas del brindis con champán que ya estaba siendo descorchado.

Desde uno de los ventanales, dos personas contemplaban la congrega­ción en el campo de castaños que rodeaba el vasto edificio.

—Así que por fin cumplió su promesa, mi preciado ami­go…

—Se lo dije, baronesa, ¿dudó acaso en algún mo­mento de mi palabra?

— ¡Oh!, de ninguna ma­nera, sólo que después de dos años de espera… —dijo agitando más rápido su aba­nico— cualquiera puede sos­pechar de una tomadura de pelo.

PARA LEER ESTE ARTICULO COMPLETO, SUSCRIBASE A BICENTENARIO.

4 may 2010, View Comments

EL CIRCO EN MÉXICO

Autor: Ana
Osiris Arista
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Revista BiCentenario #8

En el siglo XIX

Es preciso confesar que el espectáculo […] ofrece todo lo que hay de más prodigioso en la fuerza, en la destreza, en la paciencia y en la habilidad del hombre. Animales que casi hablan, hombres que casi vuelan, mujeres que… Pero dejémoslo; es necesario verlo para tener alguna idea de lo que son aquellas cosas que parecen sueños fantásticos.

Esto lo afirmó un periodista de La Razón de México a fines de 1864. ¿El motivo? El éxito de las funciones ofre­cidas por uno de los primeros circos que visitaron México.

Nuestro país ha gozado, desde el siglo XVI, de gran variedad de distracciones para llenar los ra­tos de ocio de sus habitantes. Ir al circo tuvo gran popularidad. ¿Cómo comenzó este extraordina­rio espectáculo y cómo ha seguido hasta la fecha?

Sabemos que los primeros actos circenses llegaron de España y no fue sino siglos después cuando se dejó sentir la influencia europea y de Estados Unidos. La maroma, expresión artística formada por artistas errantes que exhibían sus habilidades en patios de vecindad, pero también en plazas públicas y de toros, in­cluía en una función a un funámbulo (alambrista), un malabarista, contorsionista o saltador (acróbata), un animal exótico, un gracioso (payaso) y suertes. Era, por así decirlo, el “circo del pobre”. Perduró hasta el siglo XIX, coexis­tiendo con el cir­co moderno, que llegó a nuestro país en 1808, con el Real Circo de Equitación del inglés Philip Lail­son: los ejercicios acrobáticos sobre caballos dentro de un redondel de madera se pueden ver hasta hoy.

Realizada la independencia y rotas las limitaciones novohispanas, una gran cantidad de artistas de diver­sas nacionalidades llegaron a México, entre otros mu­chos que hacían gala de habilidades circenses: contor­sionistas, acróbatas, prestidigitadores, hombres fuertes y quienes actuaban con animales o hacían ascensiones aerostáticas. Vinieron otras compañías ecuestres, como la de Charles Green de Estados Unidos en 1831, el primero que montó una pantomima dentro del espec­táculo en México. Circos de la misma nacionalidad tra­jeron las primeras carpas, que en esa época se llamaron “gigantescas tiendas de campaña”.

El primer circo mexicano nació en 1841; fue el Circo Olímpico de José Soledad Aycardo, cuyo entusiasmo ale­gró el ocio de muchos por más de 25 años. Sin embargo, el gusto mexicano por este espectáculo fue realmente im­pulsado por el arribo de circos y artistas extranjeros que aportaron el oficio y las novedades que guiarían a las empresas nacionales.

El circo inició una etapa de evolución importante desde 1864, con el circo del italiano Giuseppe Chiarini,   quien introdujo novedades artísticas de Europa y Esta­dos Unidos, fue el primero en tener un circo-teatro fijo alumbrado con gas, incluyó montajes que causaron revuelo, como el baile del can can, así como otros adelantos que lo tornaron un favorito de la sociedad.

Tiempo después, en 1881, llegó para quedarse el espectáculo de los hermanos Orrin, estadounidenses de fama internacional. Ellos fueron los segundos en construir un circo-teatro fijo y los primeros en usar alumbrado eléctrico. Ini­ciaron los actos en barras y resca­taron las pantomimas, aunque con escenografías de gran lujo. Trata­ban de estar al día y no dudaron en recurrir el cinematógrafo cuan­do llegó a México. Solían realizar funciones de beneficio, lo que les dio renombre. El muy querido pa­yaso Ricardo Bell surgió a la fama en esta compañía.

La pax porfiriana favorecería, pues, el desarrollo de la activi­dad circense. En este lapso surgieron familias circenses dedicadas al espectáculo hasta el día de hoy. Además llegaron muchos circos de Estados Unidos, con un concepto nuevo del espectáculo, pues ex­hibían animales salvajes, organizaban desfiles de hermo­sos carromatos y tenían órganos con silbato de vapor. No permanecieron en la capital, sino que las nuevas líneas de ferrocarril y el desarrollo de la navegación a vapor permitieron a sus artistas y haberes recorrer diversas po­blaciones con facilidad.

En el siglo XX

El inicio de la re­volución mexicana suspendió el arribo de circos extranje­ros, lo cual ayudó a las empresas na­cionales a crecer en grande, hasta al amparo de las balas rebeldes, como sucedió con la Beas Modelo, la “más grande todos los tiempos”, apoyada por Francisco Villa. Este circo empleó el modelo estadounidense de tres pistas, las carpas de exhibición y los juegos mecánicos (como la montaña rusa) y dispuso de un zoológico surtido y cuan­tioso. En él trabajaron varias familias, algunas reconoci­das en el medio, otras que, con el tiempo, se convirtieron en empresarias.

Tenemos entonces que, en el curso del siglo XX, siguieron las familias porfirianas en el circo, de modo que ya tienen varias generaciones en él así como artistas de fama internacional.

Se pueden mencionar, entre ellas, a los Atayde, quie­nes emplearon las primeras carpas de lona con mástiles, dando forma de cúpula a la parte superior, el ballet aéreo y los desplazamientos con toda la compañía; y a los Suárez, cu­yas pantomimas se representaron como sketches cómicos de larga duración y que hoy ofrecen el único acto de osos polares en el mundo. Otros posteriores, pero ya con tradición larga, es el de los Vázquez, que más tarde re­crearon temas de cine en sus funciones, o el de los Fuen­tes Gasca, ahora dueños de todo un emporio circense.

Las producciones han seguido, por lo gene­ral, y aún siguen, la tradición europea, aun cuando han aceptado las nuevas tecnologías. Fue el caso, en la década de 1970, de las carpas de polivinílico antiinflamable con alma de acero, las tribunas y el moderno alumbrado exterior. Asi­mismo, cada familia ha aportado algo propio al arte del circo nacional, al punto de convertirlo en el predilecto de buena parte de América Latina.